Yo fui criada como pocas en estos tiempos, con el temor de dios, jamas me entregue a hombre alguno, sino hasta que me case, y por supuesto que mi marido era hombre de bien, no exagerare diciendo que era un santo, o cosas así, lo que si puede decir es que sus defectos por grandes que fueras siempre se veían compensados con creces con sus virtudes, jamas tuve sospecha alguna de que me fuera infiel y respecto del alcohol, puedo recordar solo un par de ocasiones en las que se le fue la mano. Lo único que tengo que reclamarle es que no les haya inculcado a sus hijos el mismo amor a dios que el y yo profesamos, no es que yo no hiciera nada, pero ellos al ver la actitud tan indiferente de su padre respecto de su fe, se fueron por el camino fácil, y solo la mayor tiene la fe tan puesta como su madre.
jamas creí que la vida se iría así de pronto, sesenta años de casados no cualquiera y menos ahora con tanto libertinaje por todos lados, como si el matrimonio se hubiese creado solo para un par de años.
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