Siempre he pensado que la curiosidad es por si sola un suicidio, lleva intrínseca la muerte, es un dejarse llevar con toda la intención a un abismo de incertidumbres. Querer saber mas de lo que nos es dado o de lo que somos capaces de saber, es sentenciarse uno solo. Si la duda por si misma mata, siendo una interrogante que consume a todo aquel que ha osado preguntarse a fondo alguna cuestión de notable trascendencia en su vida; peor aun es aventurarse a subsanar esas deficiencias en el conocimiento y tratar de resolver la duda, ya que se corre el riesgo de morir en el intento. Si al gato lo mato la curiosidad no fue simple idea de ella, dentro de las dudas de él estaba la de saber que tan letal podría ser aquello que, como sabemos, termino por darle muerte y lo mas probable es que ni siquiera se haya dado cuenta, feneciendo aun con la duda que lo impulso a realizar su proeza.
Siempre que se trata de despejar alguna duda, de esas que entran en el ámbito de la curiosidad y no se aclara, se es como el gato. Es decir cuando mi curiosidad no queda satisfecha por completo, pierdo un poco de mi, es como si cada vez que intento saciar mi curiosidad me lanzara a una cruzada en el que se gana o se pierde pero jamas se empata, no es posible medio aclarar la duda, eso no es una ventaja, sino que por el contrario implica derrota, las medias dudas, medio matan y la medias curiosidades aclaradas, son medios suicidios y entre una y otra es un morir completo.
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