Se inventaba encuentros furtivos, en pueblos de encanto clavados en el corazón del país, pueblos ajenos e ignorados o mas bien eran estos quienes ignoraban a las grandes urbes, esas fortalezas que los mantenían reclusos en tareas y compromisos, sujetos a sonrisas fingidas y pesadas mascaras, donde pretenden no necesitarse, recluidos en rutinas indiferentes y odiadas, cumpliendo compromisos vendidos.
El imaginaba grandes encuentros, con planes meticulosos o llenos de azares, repleto de detalles e imágenes formadas de retratos y recuerdos prestados, robados a pasados lejanos, quizás inexistentes, donde siempre la veía desnudarse frente a las grandes ventanas de segundos pisos que debían dar a la plaza principal, con aquella gente indiferente ante ellos y sus acciones, ese estar y no estar de ensueño. Siempre creía que ella pensaba lo mismo, desnuda y de frente al cristal, miraba un momento al kiosco, daba un gran suspiro, cerraba las cortinas y corría a sus brazos. Perdidos en suspiros y besos inventaban refugios temporales y remedios contra males innombrables y desconocidos, para finalizar despidiéndose como si fuera la ultima vez y así permitirse regresar a las metrópolis sin remordimiento, regalar sonrisas que salían del corazón y soportar mascaras, que ya no eran de existencia, sino de transición y espera.
Durante el día pensaba lugares, fechas y horas, en la noche soñaba encuentros y despedidas, ella llegaba a la hora acordada, pedía una habitación y dejaba un nombre que el le había dicho con anterioridad, el llegaba y preguntaba por la Paula o Lucrecia de turno y subía con ella, quien ya lo esperaba con un trago de whisky y los besos de protocolo, se miraban en silencio, prolongaban la agonía unos segundos antes de que el se quitara los zapatos, clara señal de que no podía alargar mas la espera, ella siempre cínica y encantadora, se desnudaba lenta y sensualmente frente a la ventana, acomodaba la ropa impecable sobre la silla, miraba al vació y agradecía en silencio, solo para ella, que a nadie de los que habitaban aquel lugar le importara que estuvieran juntos.
Los sueños se tornaban minuciosos y confortantes, adquirían una inconsistente realidad, dejando de ser sueños, para transformarse en recuerdos lejanos y maravillosos. Los encuentros jamas se repetían, siempre variaban tiempos y lugares, incluso humores. Imaginaba discusiones frívolas y superficiales, tenia muy gravado aquella vez en que viendo el ocaso sobre el templo de algún pueblo inventado, ella le había dicho que visitaría un lugar muy cercano a su ciudad, el recostado sobre su regazo inmediatamente comenzó a hacer planes, pero termino de tajo sus expectativas.
– No, no, no, simplemente no podemos ese día, que no vez que voy con mi marido.
– Entonces para que carajos me presumes que estarás, muy, muy cerca de mi ciudad si nos ganamos la misma vayas o no...
– ¿No te parece como que estamos comenzando a pelear como marido y mujer muy prematuramente? Esperaba escuchar algo como: ¡Que importa, juntos nos escaparemos! no se, algo por el estilo... Un poco de magia a la conversación no le haría ningún mal...
Hundió su cara entre las piernas de ella, tenia razón, el era el paréntesis, esa parte que no se nombraba de su vida, solo estaba allí para dar fe de los hechos, mas no intervenir en ellos, solo un espectador y nada mas.
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